En
el siglos III en Hispania la Jerarquía Eclesiástica
era especialmente amplia llegando a treinta diócesis, en el siglo IV
nacerán diecinueve obispados nuevos,
como los Obispados en Abela (Avila), Amaia (Amaya de Castilla-Leon), Baeza,
Baza, Barcelona, Betecas en Portugal, Calahorra, Castulo (Linares), Córdoba,
Ipargo, Hispalis (Sevilla) Malaga, Eliberis (Granada), Egabrum (Cabra de
Caceres), Fibularia en Huesca, Eliocroca en Lorca de Murcia, Metesa, Mérida,
Palencia, Uso (Osuna de Sevilla), Ossonobas en el Algarbe portugues, Olisipo
(Lisboa) Tucci (Martos de Jaen), Tortosa en Tarragona, Valencia y, en el siglo
V, nacerán diez obispados nuevos como
Aquae Flaviae (Chacves en Portugal), Calagurris (Calahorra), Egara (Tarrasa de
Cataluña), Elepta (Niebla en Huelva), Ebusus (Ibiza), Minorica (Menorca),
Mayorca, Pamplona, Rosasa,(Rondon en Cataluña) y Tarazona, .
Recordemos
que hubo dos invasiones, la primera por los germanos como los Suevos, los
Vándalos, y los Alanos que empujados por
la “segunda invasión” la de los Visigodos tuvieron que retirarse a otros
espacios, como ejemplo la de los Vándalos, que tuvieron que trasladarse a
África. Las primeras hordas fueron en el 409 con la entrada de los ya
mencionados Suevos, Vándalos y Alanos. Las destrucciones y las brutalidades,
narradas por el Obispo Hidacio, precipitó una caos general en todos los
sistemas, tanto sociales, políticos como
culturales.
El otro pueblo, oriundo de Escandinavia, al
mando de Ataulfo, sucesor de Alarico ocupó, Provenza y la Tarraconesis (Aragón,
Cataluña y Valencia), era el pueblo Visigodo, querrá pasar de Hispania a África
a través de la Baetica ;
pero al fracasar en su intento de pasar, pedirán ayuda a Roma. Esta le pidió
que pusieran orden entre los otros pueblos bárbaros. Al destruir a los pueblos
precedentes en el 417 se retirarán a Tolosa (sur de Francia), que era en el
fondo el premio por la fidelidad de la languideciente Roma. Se les otorgó la
consideración de “federados” y les ofrecieron la provincia de Aquitania, con
Capital en Tolosa. Desde ahí dispersaron a los Alanos y a los Vándalos
obligándoles, a estos últimos, a trasladarse al norte de África, como ya hemos
mencionado.
Por
otro lado la ocupación visigoda nunca fue una invasión masiva. Los visigodos
que dominaron Hispania no debieron ser muchos más de 200.000 si contamos los
80.000 Vándalos que transitaron de la Hispania romana a África.
Desde
Diocleciano, la Hispania
romana seguía siendo constituida por Tarraconensis, Carthaginensis, Galaecia,
Luisitania y Baetica, además del la provincia del norte de África Mauritania
Tingitana. Pero desde esta invasión del
409 hubo en Hispania una situación de catástrofe general, a nivel
administrativo y político.
Desde las
montañas cantábricas se orientaron al sur los “vándalos asdingos” en el 422.
Ellos expoliaran numerosas ciudades hispanas y, también, andaluzas y después de
derrotar a los romanos en el 422 se trasladaron casi 80.000 personas al norte
de África en el 429. Allí fundaron un reino guerrero y difícil. La entrada de
los Germanos fue una entrada violenta en la que al entrar guerreros, mujeres,
ancianos y niños, trastocaba la realidad social-cultura hasta ese momento
vigente. Los Vándalos silingos invadieron la Baetica en el 411, pero por poco tiempo, dejando
después la Baetica
a su albedrío. Ya en aquellos años se había pasado la titularidad de capital de
la provincia Baetica de Córdoba a Híspalis. La Baetica quedó a merced de
su propia población. Con Roma sin
fuerzas y los Visigodos en Tolosa la
Baetica tuvo unos años de paz. Se inició el nacimiento de
reinados independientes, dependiendo de los reyes germanos y luego del Reino de
Tolosa o reino visigodo. Este último se trasladará a Toledo como capital del
nuevo reino de Hispania. Nada que ver con la organización diocleciana.
Desde el 430 no existió ningún tipo de control
romano ni visigodo en la
Baetica. Las ciudades controlaban la realidad política y
empezaron a destacar el papel de los obispos, junto a la aristocracia romana.
El Papa Simplicio reconoció el papel del Obispo de Sevilla Zenón por lo que
atañe a la disciplina eclesiástica y
nombrándole su representante papal, parece ser que para toda la Hispania visigoda y
con seguridad para Andalucía (Baetica).
La
economía hispana de carácter agrícola hará que los circuitos comerciales, no
crecerán sino que más bien se reducirán y se centrarán en la relaciones con la Galia , mientras los del
norte de África sus productos irán para la capital del moribundo imperio.
Los
visigodos e hispano romanos no sólo se hallaban separados por su raza,
conservada por la prohibición de
matrimonios entre unos y otros, sino que se regían por leyes propias y aun practicaban
diferentes confesiones, pues mientras los hispano-romanos eran católicos, los
visigodos profesaban el arrianismo.
Como resultado de la decadencia del imperio romano
en el 476, Hispania pasó de cuatro
millones de personas a dos millones. Invadidos por los Germanos y por los visigodos,
España quedaba desmembrada y partida. La Iglesia era la única institución con una
estructura suficientemente importante como para soportar esta crisis social,
cultural y política. Podemos afirmar que en el 313, la Iglesia española estaba
fuertemente enraizada en la vida de Hispania con cerca de cuarenta obispados
para una población de cuatro millones de personas, de la que cristianos eran
casi un tercio de la población y en el 476
con dos millones de personas eran 60 obispados y más de la mitas de la
población ya era cristiana, ya fueren católicos o arrianos.
Francisco José Blanc Castán Pbr.
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